Un signo de la presencia de Dios en medio de nosotros


Nuestro templo parroquial es un signo para cada generación de la presencia de Dios en medio de nosotros, aunque tal vez no le demos tanta importancia.

 Su tamaño y el arte que lo embellece tiene por objetivo: dar gloria a Dios, construir un templo hermoso por Dios y para Dios, y al mismo tiempo, para acoger a los cristianos de la ciudad que se reúnen para celebrar la liturgia.

Pero también es signo de la Iglesia como Madre, que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, en los buenos y en lo malos momentos. Que ha acompañado a nuestros antepasados y acompañará a los que vendrán después de nosotros. Una presencia constante que señala al Único que puede salvarnos: Jesucristo.

Nuestro templo parroquial nos puede llevar a una reflexión más profunda: La Iglesia es perenne, nació de Cristo, hace dos mil años y terminará su misión cuando venga el Señor en su gloria.

Han formado parte de la Iglesia multitud de generaciones que antes de nosotros han vivido la fe y la han trasmitido a sus hijos y a sus nietos.

Ahora nos toca a nosotros, transmitir la fe a la siguiente generación.

Comentarios

Entradas populares